lunes, 8 de agosto de 2011

Naturaleza polvorienta

Mario Praz (1896 - 1982)
Avanza el verano y todo parece entrar en una aletargada discontinuidad. Empieza uno a degustar esa clase de días infrecuentes y afortunados en los que, al decir del ilustre Mario Praz, lo que sucede en ellos se desarrolla como una invención, un juego, un arabesco, como una pompa de jabón iridiscente que, después de fascinarnos, se disuelve en el aire para dar paso, ahora sí, a esa otra clase de días más agitados. Esto lo afirma alguien que, antes de enseñarnos el lujo de sus palacios, nos advierte de su naturaleza polvorienta, la que se filtra a través de sus altos techos, de sus estucos, verdaderos tamices del tiempo; alguien que ya sabe que todo lo que tiende a la monumentalidad (lo espiritual igual que lo arquitectónico) es a la larga insostenible. Probablemente ese conocimiento no proviene tanto de la experiencia vital como de esa relación avara y un tanto mezquina con las cosas que constituye el pathos de cualquier coleccionista. El propio Praz se reconoce en ese molde y se reprueba éticamente, pero lo hace sabiendo que el vicio del coleccionismo es una fatalidad sin heroísmo, y por tanto sin castigo. A los dioses no parece importarles demasiado la manía de un anglista que colecciona muebles estilo Imperio y se refugia de la luz en palacios polvorientos a la espera de que el Visconti de turno venga a descifrar su fatalismo (véase sino Gruppo di famiglia in un interno, cuyo personaje principal, interpretado por Burt Lancaster, está inspirado en la figura del escritor romano). Y al héroe de esa tragedia anodina, más que la aventura, lo que le interesa es la erudición laberíntica y el brillo proustiano que surge de esa relación limitada y egoísta con las cosas. En esa erudición radica su generosidad, que nunca es pedante, y que, bien al contrario, consigue que de cada objeto se desprenda para nosotros un aire casi familiar, porque todos tenemos nuestras reliquias, nuestra naturaleza polvorienta que entiende de sensibilidad sin entender de estética, participando así del arte como quien participa de un funeral: escuchando a los muertos…