miércoles, 26 de agosto de 2009

Un sabor de exilio

"Tristán e Isolda" (Rogelio Egusquiza)

Escucho a Wagner en una soleada mañana de domingo y no, no me entran ganas de invadir Polonia. Si acaso experimento un ímpetu extraño provocado por toda esa infinitud que fascinó a Nietzsche. El sentimentalismo romántico, tan ridículo como euforizante… su grandeza debería ser cómica para ser verdaderamente trágica, un amor de bufones o de marionetas, y no de superhombres. Pero entonces ¿cómo escribir algo que te deje como un fusil disparado, decía Pavese, todavía sacudido y requemado, vaciado de todo ti mismo?