miércoles, 2 de noviembre de 2011

El cuerpo y la sangre de Zuckerman


El cuerpo y la sangre de Zuckerman… ningún otro personaje, ningún otro autor (Philip Roth) nos liga más a la inmediatez de lo carnal. El cuerpo, fuente de comedia y drama, tan entrelazados el uno con la otra, como músculo y tendones, como huesos y pellejo. No hay más trascendencia porque no hay más realidad que esa. La política, la religión, la filosofía, el arte… todo reducido a una lección de anatomía. Nada piensa; todo sangra, escupe, suda, defeca, eyacula… Incluso la fonación, el habla, el lenguaje, no son más que una secreción. Y el pensamiento, la vida espiritual… pura escatología. Pensamos, amamos, odiamos con una parte del cuerpo, preferentemente un pene, un coño, una teta, un culo… Escribimos con el órgano que nos duele o nos penetra. Y la memoria ¿Acaso puede ser otra cosa que el recuento de nuestras metamorfosis? No hay nada más, parece decirnos Roth, y uno piensa que para llegar a esa conclusión bien podía ahorrarse cientos, miles de páginas tal vez. Y sin embargo nadie como él para contarnos lo obvio, aquello que, por inadvertido, acaba pasando por inédito: que vivir es una urgencia, la urgencia de satisfacer un instinto. Acaso escribir sea el más solidario de los instintos que atenazan a Roth, cosa que agradecemos, porque nadie como él para contarnos lo que tan incómodo nos resulta admitir: que nuestra vida no es más que nuestra historia material