martes, 8 de noviembre de 2011

Lengua muerta


Escribe Gabriel Albiac a propósito de la edición de los Cuentos de Isaac Bashevis Singer: «Como Herman, como Masha, Isaac Bashevis Singer ha llevado consigo el cadáver del gueto al Nuevo mundo: su lengua. Y, con la lengua, los minuciosos laberintos de fantasmas que nos tejen como muertos en vida. Escribir yidish, en el Nueva York de los años cincuenta, es el único modo de poblar el mundo desierto -la imaginación del mundo, al menos- de quien lo perdió todo». Posiblemente para hablar una lengua con propiedad (esto es, para poblar el mundo, cualquier mundo) antes haya que perderlo todo. Experimentar el anhelo de ser judío como disolución, exactamente igual que el deseo kafkiano de ser piel roja, pues es en esa tensión entre libertad y desarraigo donde una lengua se vuelve hospitalaria. Para preservar una lengua de su extinción acaso no sea necesaria Academia alguna; basta con unos pocos Bashevis Singer en eterna diáspora, escenificando de manera agónica esa relación de distancia y extrañeza con la lengua materna que, al decir de Piglia, constituye la marca de todo gran escritor…