jueves, 29 de julio de 2010

Piel de toro (sobre héroes sin tumbas)

Imagen: Grabado de Andrés Barajas

Cualquiera que haya seguido la controversia sobre las abolidas tauromaquias se habrá compadecido siquiera un instante del compungido rostro de algunos derrotados, cuya tristeza parece estar en concordancia con aquellas palabras de Nietzsche que aseguraban que “una vida feliz es imposible… Sólo es posible una vida heroica. Para el héroe, la vida más hermosa es madurar para la muerte en combate”. La apreciación vale tanto para el taurino como para el propio toro de lidia, cuya vida sólo es fugazmente hermosa. También lo será a partir de ahora para los seguidores de la fiesta, condenados en lo sucesivo a una vida heroica que no sabemos si madurará hacia el combate o hacia la infancia -como en aquella obra de Bruno Schulz-, donde todo es aún posible. A Jules Renard, en cuyo estimulante diario encontré la cita de Nietzsche, le espantaba la Nada que asoma tras la apoteosis de una vida heroica, y es precisamente eso lo que me interesa y me inquieta, ese heroísmo que, en el fondo es una cosa vacía o, peor aún, el síntoma de una sociedad enferma. Me pregunto si se podría medir la podredumbre de una sociedad, su decadencia moral, en función del número de seres empujados a una vida hermosa, en sentido nietzscheano. Esa sospecha hace que -tauromaquias aparte- uno empiece a mirar con angustia aquellas verdades humildes que, al decir de Conrad, son las únicas que tienen vigencia en este mundo, sabedor de que, tarde o temprano se verá empujado a la irrisión de una vida forzadamente heroica…