sábado, 7 de agosto de 2010

ασέβεια

Jean-Leon Gérôme, Friné frente al Aerópago, 1861, Hamburgo, Kunsthalle

Un cuadro que me fascina y una historia que me conmueve; el académico lienzo de Jean-Leon Gérôme y el relato de Friné, musa y amante de Praxíteles, molde escultórico de Afrodita, acusada de impiedad, como Sócrates, aunque con distinta suerte. De Friné se dice que fue salvada in extremis por el orador Hiperides, cuando, agotados todos sus argumentos, desgarró el manto que cubría a la acusada y dejó al descubierto su espléndido desnudo ante los heliastas que la juzgaban (momento que luminosamente recoge el cuadro de Gérôme, juzgado con desdén por la historia del arte). El argumento de la belleza, de su propia belleza física, evocadora de la divinidad, salvó a Friné de correr la misma suerte que Sócrates (ya saben, la cicuta). Descubierta como verdad –verdad como alétheia, en el sentido de desvelar, de mostrar lo oculto-, la belleza resulta así exculpatoria. No cabe duda de que el arte se complace de un modo ingenuo en ese concepto de verdad porque le conviene a sus efectos, no así al Derecho que, a pesar de todo, nos ofrece un correlato tan apasionante como el del mito: el de su desacralización, su evolución desde el mandato divino hasta la coacción, base de la acción jurídica. De ello da cuenta el catedrático Muñoz-Arraco, para quien el mito de Friné narra “la profanación del Derecho y debe reconocérsele en la historia jurídica un lugar propio (como se le ha reconocido también al mito de Tartessos). Es demasiado endeble interpretar todo lo que se nos dice sólo como un topos de equiparación de verdad con belleza, o de las picardías judiciales, lecturas posibles, pero superficiales. Más sólido es ver una referencia esencial sobre el desplazamiento del vigor de lo jurídico, desde una sede sagrada a otra profana”. El verdadero velo de Friné se cae, pues, en el contexto de lo jurídico, haciendo que la belleza del mito resulte aún más fascinante por su amplitud de significados. No es poco mérito del arte, sin embargo, evitar que, en ese desplazamiento de lo sagrado a lo profano, el mito se convierta en mera pieza arqueológica…