lunes, 25 de octubre de 2010

Making of

Dibujo de Terry Gilliam

En Dialoghi con Leucò, Pavese se enfrascaba en unos poéticos diálogos a propósito de la intervención de los dioses en el destino humano, una intervención que no proporcionaba un significado racional a las fuerzas desatadas de la naturaleza, el dolor o la muerte, pero sí al menos las integraba simbólicamente en la experiencia humana. Ha acaecido algo -dice Pavese por boca de Tiresias- que no es un bien ni un mal, algo sin nombre -el nombre se lo darán después los dioses... Siempre me ha gustado especialmente ese diálogo de ciegos que Pavese propone entre Tiresias y Edipo, en el cual el viejo adivino de Tebas nos refiere una existencia anterior a las palabras, un mundo en el que todo sucede a expensas de la fábula que le da sentido. Los dioses llegan siempre demasiado tarde; ese aprendizaje amargo resume la desesperación con la que vivimos muchos de nuestros fracasos, la mayoría de ellos tan caóticos como para rehuir el lenguaje. Suceden, como la roca contra la cual Tiresias disipa sus disgustos e ilusiones, esa entraña dura e indescifrable que precede al bálsamo del lenguaje. Imagino que algo así debió sentir el bueno de Terry Gilliam tras fracasar en el intento de rodar su Quijote. Quien se decida a ver “Lost in La Mancha”, asistirá a una sucesión de catástrofes (inundaciones, enfermedades, problemas de financiación, etc.) que parecen reclamar precisamente eso: una intervención tardía de los dioses, algún consuelo contra el caos y la entropía en que se resuelve todo. Tal vez esa invocación esté oculta en el infatigable deseo de rodar que manifiesta Gilliam, en el intento de dejar al menos un rastro de imágenes, una presencia dentro del vacío, como escribe Pavese, una ruina que permanezca, más extraña y más vieja que el nombre que le darán los dioses…