martes, 2 de noviembre de 2010

Un Sócrates mugriento

El despiadado retrato que Renard hace de Verlaine: “El horroroso Verlaine: un Sócrates taciturno y un Diógenes sucio; con algo de perro y de hiena (…) Parece un dios borracho. Lo único que queda de él es nuestro culto. Sobre un traje andrajoso (…) una cabeza de piedra sillar en demolición”. Y sigue… En este apunte veo una perfecta metáfora del estado de la poesía en una encrucijada de siglos. Es como si el paso de Rimbaud por la vida y la obra de Verlaine hubiera dejado a la poesía misma en un lamentable estado de ruina física, apuntando a la desolación naciente de Mallarmé, ese poeta que, en palabras de Robert Lowell, tuvo la fortuna de encontrar un estilo en el que fuera imposible escribir…