Manual de instrucciones
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Chiara D’Anna y Sidse Babett Knudsen, en The Duke of Burgundy (2014) |
Ya lo decía el ingeniero Tobler en la novela de
Robert Walser: ¿Conque es a fuerza de humillaciones como he de acceder a la
alegría pura del mundo de Dios? El camino recto, por así decirlo, es un camino
ritualizado, codificado; no tiene final, pero tiene reglas, manuales llenos de
instrucciones precisas, severas y dolorosas, entregadas de forma obsesiva a lo
transitorio, es decir: a lo perfectible. En ese universo tan reglamentado el
lenguaje es un arma de doble filo que lo mismo impone su literalidad que despliega
una ambigüedad lúdica y perversa (ya sabemos que no hay nada más corrosivo que
la solemnidad), y es ahí, en ese juego desmitificador, donde Robert Coover encuentra su material
narrativo. Spanking the Maid (un peculiar cuento de la criada) es
formalmente una novela, pero bien pudiera ser una pieza de teatro sádico, una
forma de cuestionar las relaciones de poder expresadas en un absurdo manual
(victoriano) de instrucciones ritualizadas a través de una sexualidad perversa,
en la que amo y doncella acaban invirtiendo sus papeles de víctima y verdugo y
convirtiendo su tragedia doméstica en un juego de rol, en una pantomima que a
la vez que los esclaviza los libera y da sentido (un poco como a los personajes
de Sábado inglés). La perversión del lenguaje que ilustra Coover en sus
juegos de ironía posmoderna invierte así las relaciones de poder y crea un
espacio de ambigüedad moral que es a la vez violento y humorístico, como un
cuento de hadas revisitado por la mente enferma de un adulto. Algo como The Duke of Burgundy, extraña y encantadora película de Peter Strickland (ya hemos hablado aquí de él), que por momentos parece
surgir como un subproducto lírico de los juegos verbales de Coover. En la
película de Strickland el juego doméstico se transforma en una trama lésbica,
pero el ritual es idéntico, repetitivo, atemporal: una fantasía de dominación,
un ensayo sobre la representación que nos muestra con exquisito gusto (otra vez
el manejo virtuoso del fuera de campo) el modo en que lo falso deviene
verdadero; porque es en lo falso, es decir, en lo pactado, donde la sumisión se
convierte en liberación, el único lugar donde se posterga y a la vez se
materializa la posibilidad de acceder a la alegría pura del mundo de Dios…