sábado, 14 de noviembre de 2009

País portátil

Ingmar Bergman en la isla de Fårö

La patria es el reconocimiento íntimo de un paisaje, no muy diferente, en ese sentido, a cualquier epifanía artística. Bergman tuvo esa intuición en la isla de Fårö; horizontes, sonidos, silencio, luz, reflejos… y ante ellos simplificación, proporción, tensión, respiración… Se me ocurre que el único propósito, el único sentido de esa magia doméstica es el de sustentarse en esa savia personalmente escogida de la que hablaba Maurice de Guérin; hacerse indescifrable, poderoso e indiferente, como un árbol, amparándose en un lenguaje que es como el ruido de las hojas: un viento, una respiración…