lunes, 25 de enero de 2010

Tiempo de silencio

Silvana Mangano en el set de "Gruppo di famiglia in un interno" (1974)

Veo de noche Gruppo di famiglia in un interno, traducida aquí como Confidencias, película casi testamentaria, rodada por un Visconti que hacía notables esfuerzos por recuperarse de una trombosis cerebral, consecuencia, dicen, del frío de montaña y de su hábitos de fumador compulsivo. La película me produce un extraño desasosiego que va más allá de lo que la propia cinta propone, esa violencia de clase, extraída de un periodo particularmente convulso de la reciente historia de Italia. De hecho durante el rodaje se sucedieron acontecimientos como el secuestro del juez Mario Sossi por parte de las Brigadas Rojas, o la bomba en la Piazza della Loggia en Brescia, con un saldo de 8 muertos y más de 100 heridos. De todo ese desasosiego que mencionaba antes, uno conoce la sensación, pero no sabe muy bien el motivo, y al escribir se diría que sólo se trata de pasar algo a limpio, de fijar algo que va a la deriva, en un desordenado y joyceano monólogo que fluye paralelo al discurrir de las imágenes, un vértigo de palabras que tiene algo de juego infantil -de chiste fonético- y algo también del desinhibido chisme en el que se resuelve nuestra vida interior. Fijar ese discurso es algo a lo que no debería sucumbir, porque al escribir con intención retórica se vuelve uno un taxidermista, pero en definitiva se trata de poner algo de orden, no para saber, sino para aplacar el desasosiego. La letra es siempre letra muerta, porque en lo definitivo está también lo muerto, y de eso habla la película de Visconti, que es política, pero también metafísica. La muerte es el vecino de arriba, su proximidad tan familiar como hostil, su taconeo de pata galana, insidioso y molesto… Dice Michon que los cojos suelen marcar, con su rudimentario compás, la cadencia de las obras perfectas; la muerte, pues, como Ahab, como John Silver, o como la marquesa Brumonti y su mantenido, un joven con ínfulas revolucionarias que, como tanta izquierda, prefiere vivir amancebado con la derecha, en esa extraña hibridación de explotación y lujo como perfecta síntesis dialéctica. Para ello cuenta con la pintura de Arthur Devis y con la música de Mozart, intersecciones que sugieren que tal vez sea en el arte donde se produce el imposible equilibrio entre política y moral…

Como nota a pie dejo este aria de Mozart que Visconti incluye en su película; Vorrei spiegarvi, o Dio!. Que la disfruten.