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Días de lluvia

Desconozco si alguien se ha parado a contar alguna vez los días de lluvia que aparecen en el Libro del desasosiego . En esa incidencia (en esa inclemencia) climatológica Nabokov veía el principio de la literatura áulica, su trivialidad, su desenfado y, también, su desasosiego. Fuera de la corte, en el espacio profano de la ciudad, donde nace la sensibilidad moderna que Baudelaire cantaba desde la embriaguez de los sentidos, sólo existe el desasosiego, y para percibirlo Pessoa sólo necesita la clarividencia de esos días de lluvia en los que el mundo parece nuevo, abierto a todas las sensibilidades y a los abismos de una vida hecha pensamiento. En algún momento Pessoa se pregunta cómo llegar al futuro con toda esa carga de desasosiego hecho conciencia pura. Es la pregunta que el escritor le hace al hombre, sabiendo que su futuro está más allá de su existencia, allí donde la vida es sólo efigie . En la respuesta Pessoa (travestido de Soares) advierte una posteridad que se hace amor para

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