martes, 19 de agosto de 2008

Mientras dormía…

La Bella durmiente. E. Burne-Jones

Yo, como Gil de Biedma, me acuerdo del cuarto en que he dormido, pero no entierro mi cabeza en las almohadas: sé que nada me protegerá de la irritación y el frío del amanecer frente al calor de la noche terminada. Mientras dormía he sido secretamente las páginas de un libro; todos han podido leerme en él sin saberlo, mientras yo me perdía dichoso en el secreto infinito jardín de sus páginas, sabiendo pero olvidando que toda eternidad es una caída en la muerte.
Pero es ahora, al despertar, cuando creo estar cortejando mi verdadero fin, como un lector borgeano, perseverando en mi propia disolución al hacer que mi memoria desespere de la lectura, al hacer que la lectura desespere de su propia virtud sonora y acabe enmudeciendo. El amanecer, como un libro cerrado, sólo enseña su cara, la precaria página de su perfección, donde todo lo expresado como temor está lejos aún de realizarse como deseo. Yo estoy ya al otro lado, en la otra cara, rebuscando en las páginas escritas como un arúspice tardío, buscando signos de lo que ayer fue augurio y hoy es adversidad, palabras de este amanecer que regresa desde su propio olvido, transparente y vacío, como una revelación, como un anacronismo…